Lun. Abr 22nd, 2024
En busca del catálogo genético de Galápagos

Un grupo de científicos ecuatorianos y extranjeros se embarcó en descifrar el catálogo genético de las Islas Galápagos, comparando los «códigos de barras de la vida (códigos de barras)» del archipiélago con el banco de genes del mundo y esperando descubrir nuevas especies.

Realizado por el Centro de Ciencias de Galápagos (GSC), de la Universidad São Francisco de Quito (USFQ), con el apoyo de la Universidad de Exeter, el proyecto se ha dedicado durante un año a recolectar evidencia de suelo y agua para inventariar la flora y fauna de estas islas volcánicas.

Lo hacen extrayendo el llamado «código de barras de la vida» (código de barras genético o secuencia genética) de estas especies que dejan rastros de ADN en las muestras que recolectan y de los microorganismos.

“El ‘código de barras’ es un pedacito de todo el genoma, igual en todos los individuos y especies, para poder compararlos”, explica a Efe Diego Ortiz, investigador de ecología y biología molecular de la USFQ y coordinador técnico de la Proyecto “Galápagos” Código de barras «(código genético de Galápagos).

Compuesto por cientos de letras, a veces más de mil, esta secuencia permite a los científicos distinguir qué especies son conocidas o no, si son endémicas o invasoras y en qué se diferencian de sus contrapartes en otras partes del mundo.

Por convención académica, y dependiendo del grupo de estudio, el gen seleccionado para definir marcadores moleculares en un estudio suele ser el mismo, por ejemplo, 12S en peces y 16S en bacterias.

PRIMERA SECUENCIA GENÉTICA

El análisis preliminar del único estudio reveló que las islas al oeste del archipiélago tienen una mayor diversidad que las del este, o que «del 30 al 40 por ciento eran especies (de peces) que no se encuentran en las bases de datos de secuencias del mundo». Diana Pazmiño, co- Investigador principal del proyecto y Doctor en Ciencias Marinas.

Esto puede deberse a que son especies nuevas para la ciencia, o que son conocidas, pero que «nunca se ha hecho un trabajo genético con ellas», añadió el científico.

Con la universidad ubicada frente a una playa donde los leones marinos conviven con los humanos, su trabajo ahora es revisar estas secuencias «una por una» y determinar cuántas son nuevas y cuántas no lo son.

Ubicado a unos mil kilómetros al oeste del continente, el archipiélago de Galápagos está formado por trece islas grandes, nueve medianas y 107 islotes, y a través de su Reserva Marina, la segunda más grande del mundo, se encuentran tiburones de diferentes especies, ballenas, tortugas marinas. , rayas, pingüinos o iguanas marinas.

En tierra, sus tortugas gigantes, pinzones y albatros son famosos, pero la explosión de vida animal y vegetal no tiene paralelo.

Su exponencial biodiversidad ayudó al científico Charles Darwin a desarrollar su Teoría de la Evolución y, en 1978, las islas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

CIENCIA CIUDADANA

La recolección se enmarca en una iniciativa de «ciencia ciudadana», en la que 74 galapagueños salen periódicamente a recolectar muestras de suelo y agua en las diferentes islas, para luego trasladarlas a laboratorios universitarios en las islas de Santa Cruz, Isabela y San Cristóbal.

Lo hacen dentro de un proyecto que tiene como objetivo ayudarlos económicamente en tiempos de paralización turística debido a la pandemia, y también concienciar sobre el medio ambiente.

Las muestras pasan por un cuidadoso proceso de extracción de ADN en el laboratorio hasta que se sintetiza la dosis de vida, que será sometida a análisis molecular para extraer la «secuencia genética» de cada ser vivo, una especie de «inventario biológico» de la muestra. .

Ortiz explica que, por cada centímetro cúbico, puede haber millones de células para separar y analizar.

“Dependiendo del tipo de muestra, el proceso puede llevar unas horas, tal vez hasta un día entero, que aún es un tiempo récord porque antes hablábamos de semanas”, dice Pazmiño sobre las nuevas capacidades implementadas en las tres islas, con tres Secuenciadores MinION.

Las células de la muestra siempre provienen de animales y plantas existentes porque, según Ortiz, al cabo de unas horas el ADN se degrada sin dejar rastro.

Actualmente, la investigación se centra en el microbioma del suelo y las plantas, los insectos, los peces óseos y cartilaginosos, los moluscos, los invertebrados de agua dulce, los reptiles y tortugas, y los mamíferos marinos.

HERRAMIENTA CONTRA LAS AMENAZAS BIOLÓGICAS

Durante décadas, Ecuador ha mantenido al archipiélago bajo estrictas medidas de control biológico con el fin de preservar su flora y fauna, y que ningún «invasor» ponga en peligro sus frágiles ecosistemas.

Un esfuerzo titánico porque el microorganismo más pequeño puede ser arrastrado por la maleta de un turista, el viento, el pájaro o incluso atrapado en el casco de una embarcación.

Por tanto, además del inventario biológico, este estudio también contribuirá a la protección de los ecosistemas frente a amenazas biológicas, ya que en la misma muestra estarían presentes especies invasoras.

La diversidad de microorganismos indica “la riqueza de un suelo y los procesos ecológicos que se dan en él”, abunda en Ortiz, y también “la presencia de agentes en zonas a las que no pertenecen”.

Un conocimiento crucial para enseñar a la población por qué no puede contrabandear una semilla o explotar ecosistemas, reconciliando a la comunidad con la ciencia en este lugar único en el mundo donde, según Pazmiño, «la evolución es más rápida».

Por: Elias L. Benarroch

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