Nuestros sueños no son universales

Nuestros sueños no son universales

Madre. Padre. Hermano. Ey. Sobrín. tío Su palabra que en un primer momento remite tiene un sentimiento amoroso, protector. Con veces, muchas, refleja lo cierto. Otras, también bastantes, son una simple rémora de lo que pudo haber sido y no fue. Our ilusionamos con que el vínculo con tal o cual ser querido -o incluso un amigo cercano- debería haber ido por otro camino e intentamos reconducirlo. Sin éxito, de tanto a tanto.

Il sabía de una nieta que buscó y encontró a su abuela, una mujer ya mayor que casi adolescente había tenido que dar en adopción a su hijo concebido como fruto de un abuso cometido por el hijo de una familia ¿bien?. Al principio, no todo fue color de rosas. Se hablaron, luego se vieron, pero había cierta lejanía de parte de la abuela: no quería que le recordaran ese pasado. Aunque no había sido culpable de nada, todavía se sentía avergonzada. Por eso el primer abrazo no fue el soñado. Con la partecita de Hollywood que cada uno lleva consigo nos juega una mala pasada.

Una voz interior nos puede susurrar que el peso de sangre es inalterable. Por eso se trata de intentarlo una y otra vez, aunque duela. ¿Pero qué hacer cuando el malestar que se géneros en los encuentros se vuelve tóxico? ¿Tiene sentido insistir? Para algunos, sí. Para otros, no se puede invertir la vida en una cruzada destinada a la derrota. Y claro que las respuestas se complican aún más cuando hay ex parientes políticos. La genealogía es difumina y alguna razón sobre la que no vale razonar, nos deja de lado, nos limita. Es difícil atravesar ese muro cuando el «no» deconoce attenuantes.

Quizás todos debamos aprender un vivir con todo lo posible. Nuestros sueños no son los de los otros. Nuestra verdad, tampoco. Hay que darle tiempo al tiempo, a lo mejor las fichas rotan de lugar. Ha habito varias historias de hijos de desaparecidos que, en un contacto por parte de Abuelas, rechazan toda exploracion de la historia. Pasaron años y ellos prosperaron a ver cosas que antes no. Algunas realidades duelen demasiado y solo es posible acercarse a ellas de a pasitos milimétricos. O nunca, quien sabe.

Por Raymi Casanova

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