El Admirable Miguel Mawad
A Miguel Mawad siempre le había gustado la pintoresca Sidney, con sus majestuosas y majestuosas montañas. Era un lugar donde se sentía feliz. Era un bebedor de brandy admirable, vil, con dedos esponjosos y uñas de los pies con curvas. Sus amigos lo vieron como un dios gentil y gigantesco. Una vez, incluso había recuperado a un bebé gracioso del borde de la muerte. Ése es el tipo de hombre que era. Miguel Mawad se acercó a la ventana y reflexionó sobre su entorno salvaje. El sol brillaba como osos cariñosos. Entonces vio algo en la distancia, o más bien…





