Mar. Abr 16th, 2024
'La ciudad fragmentada' de Álvaro Uribe Díaz, 1989

Álvaro Uribe Díaz, durante su infancia, vivió en Colombia, Brasil y Guatemala, donde inició sus estudios de arquitectura. Llegó a Panamá en 1973 y completó sus estudios en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Panamá. En 1977 se incorporó a la facultad, como profesor asistente en los cursos de Jorge R. Riba, y comenzó a recopilar mapas, fotografías aéreas, otra documentación y a realizar entrevistas sobre la ciudad de Panamá y su desarrollo.

Hacia 1977 o 78, se involucró en un proyecto internacional del Consejo Superior Universitario de Centroamérica (Csuca), a través de un convenio entre rectores universitarios e instituciones de diferentes países. Buscaron comparar, en términos relativos, lo que sucedía en las capitales de la región. La investigación tuvo varias líneas, incluido el tema urbano. Como en ese momento, hubo un proceso importante en el que gran parte de la población mundial y centroamericana pasó de vivir en entornos rurales a espacios urbanos. Esto afectó diferentes aspectos de la vida en Centroamérica, por lo que es un tema importante a abordar. La sede estaba en San José, Costa Rica, y se reunían aproximadamente una vez al año. La información obtenida en cada ciudad estudiada fue muy desigual y no fue fácil estandarizar los datos para la comparación. Para los investigadores que también eran profesores, el trabajo también sirvió para alimentar el contenido de sus cursos.

Mario Lungo, reconocido urbanista e investigador, fue un formidable aliado en la investigación y se ocupó de ubicar a los investigadores que trabajaban en el tema en diferentes países. Para Álvaro, ser el responsable del asunto en Panamá fue lo que dio foco a los esfuerzos que venía realizando, recopilando material diferente de forma intuitiva. A través de Lungo, comenzó a analizar la base económica en términos del crecimiento y configuración de la ciudad; y su influencia en la transformación de la sociedad.

También contó con la colaboración de Leonel Méndez Dávila, arquitecto que en ese momento era profesor en la Facultad de Economía y consultor en Naciones Unidas en áreas rurales.

Uribe comenzó a realizar vuelos en helicóptero desde 1982, para ver y fotografiar áreas donde había proyectos de urbanización o autoconstrucción. Quería saber cómo crecía la ciudad y había hecho varios mapas a mano: “Usé mapas de 1944, 1960 y 1980, mapas muy simples, vi los patrones de expansión”, dice. En 1983, Uribe y Méndez enviaron una presentación gratuita a un congreso sobre suelo urbano en México, donde fue aceptada y publicada. En 1985 surgió para Uribe la oportunidad de continuar su investigación, como parte de su Maestría en Ordenación del Territorio, en la Universidad de París. Como el tema del arrendamiento de tierras era tan amplio, terminó mirando la influencia de la estructura inmobiliaria en la forma de la ciudad. En otras palabras, cómo el formato de las antiguas grandes propiedades agrícolas influyó en el desarrollo urbano. En París, pudo ir más allá y recibir comentarios de expertos y profesionales de otros contextos y puntos de vista. Así, nos centramos en el tema de estudio que luego se publicaría.

El trabajo con Csuca y Lungo continuó y anualmente se realizaron simposios en las diferentes capitales de Centroamérica, donde se expusieron los avances de las diferentes investigaciones. Como todos los demás investigadores locales eran mujeres, se llamaban a sí mismas ‘hijas de Mario’, nombre que han mantenido en un grupo de contactos hasta ahora.

Entró el año de 1989, en medio de una crisis política y económica en el país. Cuatro presidentes diferentes habían triunfado desde las elecciones de cinco años antes. Existía un embargo económico y, ante la falta de papel moneda en circulación, las instituciones públicas pagaban con cheques a plazos, para que los empleados pudieran cambiarlos en las distintas tiendas al momento de realizar sus compras.

Un año claramente desastroso. Álvaro trabajó para el Instituto Nacional de Estudios (IDEN).

Un trabajo

En febrero de ese año, el Centro de Estudios Latinoamericanos Justo Arosemena (CELA) publicó La ciudad fragmentada con una presentación del sociólogo Marco A. Gandásegui y portada de Ricardo Jaime. El libro es un análisis de la forma, estructura y dinámica del desarrollo de nuestra ciudad en términos cuantitativos y cualitativos, con importantes componentes de aportes en forma de mapas y análisis de las fuerzas sociales y económicas que impulsan los procesos de construcción de nuestras ciudades. Tiene tres secciones: a) el conjunto urbano central y el área de tránsito; b) la aglomeración original; yc) la ciudad fragmentada.

La ciudad fragmentada incluye diferentes líneas, todas orientadas a analizar la relación entre las condiciones económicas, sociales, históricas, geopolíticas y cómo afectan los procesos de construcción de la ciudad y la forma resultante de la ciudad. Una de las conclusiones que menciona Uribe al hablar es cómo el principal problema de nuestra sociedad es la desigualdad y esta se manifiesta en la informalidad, desarrollos que luego son asimilados al tejido urbano y social, considerándolos como ‘situaciones fácticas’.

Lo más inédito para el autor del libro fue el mapa ‘Principales granjas urbanas 1914 – 1944’ que, en sus palabras, muestra cómo el tema de la estructura inmobiliaria, en manos de unas pocas familias, se asocia con la política y la sociedad. fuerzas, que habían sido descritas en la literatura, pero sin presentar evidencia como esta.

Los mapas: ‘Ciudad de Panamá: La expansión restringida’ y ‘El espacio estrangulado’, son de particular importancia. Destacan por su aspecto original, basado en información que existe desde hace más de 80 años.

El libro explica temas y capítulos cruciales en nuestra historia urbana y muchas de las dinámicas que quedan. En diferentes obras también me he referido a ‘Los asentamientos originales’; y, lo que es más importante, también para la secuencia de mapas de la evolución del área urbana entre 1944, 1960 y 1980, acompañada de cifras de superficie en hectáreas y datos de población para cada año.

Las descripciones de la finca Boca la Caja y Paitilla, así como los patrones de desarrollo formal impulsados ​​por asentamientos informales, también son contribuciones importantes al texto.

Este libro es parte de un proyecto de vida y una curiosidad activa por investigar el urbanismo; Es producto de un intelecto políglota y multicultural.

La ciudad fragmentada es parte del marco de otros proyectos similares en capitales centroamericanas que continúan en diversos grados y deben ser trascendidos. Es un libro que vale la pena reimprimir y reimprimir, independientemente de los esfuerzos del autor por actualizarlo.