Nuevas tendencias empresariales para reducir el desperdicio alimentario en 2023

¿Cuáles son las 10 iniciativas empresariales más innovadoras para combatir el desperdicio alimentario?

Diez iniciativas empresariales innovadoras contra el desperdicio alimentario

Combatir el desperdicio alimentario no consiste únicamente en encontrar un destino para los excedentes. La mayor oportunidad está en evitar que aparezcan: producir según la demanda, conservar mejor los alimentos y venderlos mientras mantienen su calidad. Cuando eso no es posible, las empresas pueden redistribuir los productos aptos para el consumo o transformar los restos inevitables en nuevos recursos.

La escala del problema justifica actuar en toda la cadena. Según estimaciones de Naciones Unidas, en 2022 se desperdiciaron alrededor de 1.050 millones de toneladas de alimentos en hogares, servicios de alimentación y comercios minoristas. Estas son diez iniciativas empresariales que abordan distintas causas del desperdicio y ofrecen oportunidades económicas, sociales y ambientales.

1. Previsión de la demanda para producir y comprar mejor

Las compañías tienen la capacidad de fusionar sus registros de ventas anteriores con datos sobre celebraciones, condiciones meteorológicas, campañas promocionales y eventos comunitarios para estimar la demanda diaria exacta. Tomemos como ejemplo una pastelería, la cual puede modificar su volumen de producción basándose en los patrones específicos de cada sucursal, dejando atrás la práctica de elaborar siempre un volumen estático durante toda la semana.

La innovación no es acumular datos, sino convertirlos en decisiones operativas: cuánto comprar, preparar y reponer. Para evaluar el resultado conviene medir tanto los kilos descartados como las ventas perdidas por falta de existencias. Reducir el desperdicio a costa de dejar clientes sin atender no sería una mejora completa.

2. Tarifas dinámicas orientadas a artículos cercanos a su caducidad

Un establecimiento comercial tiene la posibilidad de aplicar rebajas progresivas a aquellos artículos próximos a su vencimiento o fecha de consumo preferente. En caso de que sus plataformas logren reconocer el inventario y los plazos por lote, las ofertas se adaptarán tomando en cuenta el periodo restante y el nivel de demanda de cada mercancía.

La distinción entre ambas fechas es esencial: una vez superada la fecha de caducidad, el alimento no debe venderse ni consumirse; la fecha de consumo preferente se refiere principalmente a la conservación de sus cualidades. Eroski y otras cadenas han utilizado ofertas para facilitar la venta de productos próximos a sus fechas indicadas. El beneficio depende de que el descuento llegue a tiempo, no cuando el producto ya ha perdido atractivo.

3. Lotes de excedentes vendidos mediante reservas digitales

Los negocios de hostelería, obradores y comercios minoristas tienen la oportunidad de comercializar al cierre del día aquellos productos alimentarios sobrantes mediante lotes a coste rebajado. Mediante la reserva previa, los establecimientos anticipan la cantidad exacta de porciones que van a entregar, optimizando así las labores del equipo de trabajo. Una muestra de este modelo es Encantado de Comerte, iniciativa que vincula comercios con consumidores dispuestos a aprovechar este excedente.

Este modelo rinde a la perfección con mercancías listas para su comercialización inmediata. Demanda, no obstante, franjas horarias de retirada bien definidas, datos sobre alérgenos si procede y un filtrado riguroso: un excedente debe seguir siendo seguro y apto para el consumo.

4. Donación organizada con trazabilidad

Donar alimentos no constituye una solución improvisada para vaciar almacenes. Las compañías que alcanzan un desempeño superior establecen convenios estables con entidades sociales, prevén los productos disponibles con anticipación y planifican la logística de acuerdo con sus requerimientos de conservación. Mercadona, por ejemplo, sostiene alianzas de donación de comida con organizaciones sociales.

Un sistema eficaz registra qué se dona, en qué cantidad, cuándo se entrega y bajo qué condiciones debe conservarse. Así se facilita la seguridad alimentaria y se evita trasladar a una entidad receptora productos que no puede distribuir a tiempo. La donación complementa la prevención: primero conviene corregir las causas del excedente recurrente.

5. Mercados para frutas y hortalizas fuera de los estándares estéticos

Una pieza frutal de menor tamaño, una zanahoria deforme o un vegetal con una morfología inusual sirven igual de bien en la cocina que aquellos ejemplares de silueta homogénea. Ciertas compañías comercializan esta clase de géneros frescos mediante vías alternativas, mientras que otras firmas los destinan a establecimientos hosteleros, industrias de enlatados o comedores colectivos, ámbitos donde el aspecto visual resulta secundario.

La oportunidad empresarial radica en localizar compradores idóneos y coordinar la logística y el traslado sin que los gastos superen el valor rescatado. Asimismo, resulta fundamental explicar con transparencia la razón de la rebaja: aspecto diferente no significa menor seguridad ni necesariamente menor calidad.

6. Nuevos alimentos elaborados con subproductos comestibles

Los procedimientos alimentarios generan fragmentos que frecuentemente se desaprovechan, a pesar de seguir siendo aptos para la ingesta: sobrantes hortícolas, bagazos frutales o ciertos residuos de grano. Mediante supervisiones idóneas, dichos elementos logran transformarse en componentes destinados a cremas, aderezos, artículos de panadería o tentempiés.

Esta iniciativa puede abrir una nueva línea de ingresos, pero exige más que una receta atractiva. Hay que comprobar la estabilidad del ingrediente, su composición, los posibles alérgenos, el etiquetado y la capacidad de producirlo de forma constante. Además, no todo subproducto es un alimento: su aprovechamiento debe respetar la normativa aplicable.

7. Embalajes capaces de extender la durabilidad sin elevar la huella global

Los envases mejorados pueden proteger ciertos alimentos frente a la humedad, el oxígeno o los daños durante el transporte. En algunos casos, un diseño que permite volver a cerrar el paquete ayuda también a evitar que el contenido se estropee después de abrirlo.

La decisión debe evaluarse con una visión amplia. Añadir material solo resulta razonable si la reducción de pérdidas compensa su fabricación, uso y gestión posterior. Para una empresa, la prueba más útil consiste en comparar lotes equivalentes: cuántos días mantienen la calidad prevista, cuánto producto se descarta y qué ocurre con el envase al terminar su uso.

8. Sensores para vigilar la cadena de frío

Una avería breve en un vehículo frigorífico o una cámara de almacenamiento puede afectar a una gran cantidad de alimentos. Los sensores que registran la temperatura y envían alertas permiten intervenir antes de que toda la carga quede comprometida. También ayudan a localizar el punto donde se produjo una incidencia.

Su valor depende de un protocolo de respuesta: quién recibe el aviso, cuánto tarda en actuar y cómo se decide el destino del producto afectado. Los registros facilitan la trazabilidad, pero no sustituyen la evaluación de seguridad alimentaria. Son especialmente útiles en cadenas con varios traslados o productos muy sensibles a las variaciones de temperatura.

9. Control y cálculo de desperdicios en cocinas profesionales

Un restaurante puede pesar y clasificar lo que desecha durante la preparación, lo que sobra tras el servicio y lo que dejan los comensales. Al separar estas causas aparecen soluciones diferentes: cambiar el tamaño de las raciones, adaptar las compras o modificar una receta que se pide mucho pero se consume poco.

Una medida sencilla es registrar durante varias semanas los kilos descartados por cada cien comidas servidas. Ese indicador permite comprobar si los cambios funcionan aunque varíe el número de clientes. La clave está en compartir los resultados con cocina, compras y sala: ninguna de esas áreas puede resolver el problema por sí sola.

10. Aprovechamiento de los restos inevitables

Incluso tras prevenir, comercializar y redistribuir, sobran secciones no aptas para el consumo o excedentes que no logran canalizarse hacia la nutrición de las personas. Varias compañías los apartan con el fin de elaborar abono, generar energía a través de digestión anaerobia o darles otros destinos permitidos.

La innovación de este enfoque radica en establecer recolecciones constantes y depuradas, idóneas para proveer insumos óptimos a las instalaciones de procesamiento. Combinar residuos orgánicos con envases obstaculiza su valorización y encarece el proceso. Dicha alternativa se sitúa en el último puesto por un motivo claro: recuperar recursos es valioso, pero evitar la pérdida de alimentos aptos suele ser mejor.

¿Cómo reconocer una iniciativa que realmente funciona?

Una empresa debería comparar sus resultados antes y después de cada medida y distinguir entre alimentos prevenidos, vendidos, donados y tratados como residuos. También conviene registrar los costes de personal, transporte y tecnología, además de comprobar que se mantienen la seguridad alimentaria y la calidad del servicio.

Las diez iniciativas muestran que no existe una solución única. La previsión reduce el excedente desde el origen; los descuentos y nuevos mercados mantienen los alimentos en circulación; la donación amplía su utilidad social; y el aprovechamiento de restos cierra lo que no pudo evitarse. La empresa más innovadora no será necesariamente la que instale más tecnología, sino la que aprenda a producir, vender y conservar mejor, y pueda demostrarlo con resultados.

Por Eleanor Price

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